Enviado: 12:16 sábado, julio 17 2010
Arropada estaba Sherezade, en esa mañana invernal, donde un sol temeroso apenas asomaba.
Se quedo en su cama, leyendo la biografia de Saint Exupery, o Saint Exu, como le decian sus colegas en el colegio.
Queria aprovechar el tiempo del descanso, de la serenidad sabatina,
del ser dueña de su tiempo y de su cuerpo
Quedo enredada en frazadas, mientras su cafe aromatizaba el dormitorio, y la busqueda de la verdad anidaba en su mente y su corazon.
Cuando sono el telefono, calculo seria una de sus amigas, para ir al teatro, o caminar abrigadas, o descubrir algun lugar pequeño y añoso donde degustar un carajillo al ser invierno.
Sin embargo era Eduardo, que la llamaba pidiendole una cita.
Dime la hora, Sherezade, alli estare
La mujer ese dia tenia ganas de quedarse en su lecho, sin corridas ni apremios, y tampoco le agradaba dar hora con tanta antelacion.
Sin embargo el insistio, dame hora, te necesito
Ella sabia que el estaba solo, virilmente hablando. No tenia mujer, ni hijos que mantener, y su cama al acostarse, solo tenia olor a el.
Recordaba lo alto que era, lo dulce que se manifestaba al hacer el amor, y lo regio que le resultaba una conversacion con el
Entonces decidio que ya habia estado el tiempo suficiente en la cama, y que era hora de moverse y entrar en calor.
Busco su conjunto color chocolate, cambio las flores, aromatizo el ambiente, preparo la cafetera, y acomodo el hogar
Hay tanta gente sola en una ciudad, tantos que desean expresar sentimientos, tantos que buscan su alma gemela.
Y pensando que todo lo bueno esta por venir, la mujer cepillo su pelo, puso guisantes en remojo, y quizas si el hombre era lo suficientemente bueno como para que ella tuviera una petit mort, le daria un suculento guiso, con hierbas aromaticas, que solo ella sabia preparar y dormirian abrazados, una noche mas...



